Cuando no mudarse a vivir juntos

Si llevas demasiado tiempo con tu compañero como para continuar con el suplicio de hacer todos los días la maleta y recorrer el camino a su casa, en algún momento deberíais pensar en moveros a vivir juntos

Si llevas demasiado tiempo con tu compañero como para continuar con el suplicio de hacer todos los días la maleta y recorrer el camino a su casa, en algún momento deberíais pensar en moveros a vivir juntos. En el mejor de los casos, vivir con tu dulce amor puede ser un delicioso anticipo del bendito compromiso de bodas que está por venir. En el peor de los casos puede convertir a las parejas en proceso de enamoramiento en enemigos mortales. Para ayudarte a decidir si dar el paso decisivo, aquí tienes nuestras consideraciones sobre cuándo no debéis dar el paso.

Cuando uno de vosotros está ganando mucho más dinero
A no ser que estés en la etapa de que lo suyo es tuyo y viceversa, debes ser cuidadoso en lo que respecta a buscar un sitio para vivir con diferentes presupuestos. Si ganas más y quieres un súper-dúplex que dé el pego, no vas a querer moverte a un lugar donde tengas que poner barrotes en las ventanas. Asimismo, si andas corto de ingresos, no te sientas tentado de unirte a los planes de lujo de tu compañera, pronto verás como los gastos se suben a las nubes.

Cuando la esperanza se impone a las expectativas
Es tentador pensar que un gran gesto de compromiso es todo lo que necesita una pareja en apuros. En cualquier caso, los altibajos de las relaciones se verán incrementados antes que reducidos al compartir un hogar. Si estás inmerso en una relación volátil hazte un favor, mide el origen de vuestros problemas en lugar de poner parches y buscar resolverlos a las bravas, viviendo juntos.

Cuando lo hacéis por motivos equivocados
En estos días de austeridad, mudarte con tu pareja puede ofrecerte soluciones prácticas para los dilemas financieros. Pero, a la vez que indudablemente atractivas, estas motivaciones pragmáticas de convivencia pueden torcerse de forma espectacular. Si la relación va viento en popa, puede desmoronarse bajo la intensidad de vivir juntos. En lugar de salvar la relación, tal vez te aparezca el sentimiento de déjà-vu mientras te encuentras pagando el alquiler de otro camión de mudanzas para volver de nuevo a tu casa.

Cuando uno de los dos no quiere hacer un sitio al otro
A menudo, la opción más común es que uno de los dos se mude a la casa del otro. Pero esto puede crear algún que otro problema si el inquilino habitual piensa que su vida va a mantenerse igual. La persona ‘receptora’ puede pensar que la nueva situación no cambiará nada, pero eso no será cierto, y la negociación será trascendental para que la cohabitación sea positiva. Además, el novato se puede sentir como un visitante en casa de otra persona mientras ésta observa cómo su, hasta ahora maravillosa relación, comienza a fracasar.

Cuando no tienes ni idea de por qué lo haces
Si compartir una vivienda es para ti un logro, es importante hacerlo sabiendo bien lo que haces. Ten en cuenta que la convivencia no es siempre un camino de rosas: tu compañero no estará contigo todos los sábados por la noche, sus irritantes hábitos serán pronto parte del día a día, e incluso la frecuencia de encuentros amorosos se irá reduciendo. Si además no lo esperas, o no estás preparado para una realidad menos mágica, es mejor que esperes.

Cuando no tenéis los mismos valores
Vivir juntos es mucho más costoso que vivir un romance. Para que sea exitoso tenéis que compartir aspectos importantes de vuestra forma de pensar. Si, por ejemplo, uno de vosotros es un gandul y el otro un maniático de la limpieza es complicado que encontréis una convivencia agradable. Lo mismo pasa con las parejas que ven diferentes los roles de la mujer y el hombre. Es mejor hablar antes sobre ello que descubrir que estás condenado a hacer todo en casa menos sacar la basura.

Cuando no quieres
Puede resultar obvio, pero resulta increíble observar cuánta gente hace las cosas para contentar a otros. Pregúntate cuáles son los motivos que te llevan a hacerlo. ¿Es porque no puedes esperar a dar un paso más en tu relación? ¿O porque piensas que es de alguna forma lo esperado, por tu pareja, tus amigos o tu familia? Si tienes dudas y las estás intentando ocultar, párate a reflexionar. Cuando consideres que ha llegado el momento, no sentirás ningún miedo.