Cómo poner límites a tu relación

Actualmente tienes pareja, estás a gusto, lleváis ya tiempo y de pronto recapacitas y te das cuenta de que tu relación se está convirtiendo en absorbente y no quieres. No es cuestión de todo o nada, es decir, no tienes porque terminar con tu pareja, simplemente tienes que aprender a poner límites para mantener un espacio propio y uno en común.

Actualmente tienes pareja, estás a gusto, lleváis ya tiempo y de pronto recapacitas y te das cuenta de que tu relación se está convirtiendo en absorbente y no quieres. No es cuestión de todo o nada, es decir, no tienes porque terminar con tu pareja, simplemente tienes que aprender a poner límites para mantener un espacio propio y uno en común. ¿No sabes cómo?, no te preocupes, nosotros te lo decimos:

Queda con tus amigos y amigas
En toda relación y/o situación el término medio es el equilibrio. No abandones a tus amigos por tu pareja, hay varias razones en contra de ello, pero sobre todo, la principal es la salud de la pareja. Si renuncias a las cosas por tu pareja, llegará el día que enumeres todas las cesiones y la cuenta te salga negativa, así que por egoísmo sano, mejor que combines planes en los que incluyas a tu pareja con tus amigos, planes de pareja los dos solos y planes organizados sólo para ti y tus amigos.
En este sentido hay un tema delicado, ese gran amigo del sexo opuesto considerado por todas las parejas como una amenaza. Para solventar esta situación sin tener que renunciar a ninguna de las dos partes, lo mejor es dejar claro la amistad que os une y que es una persona que estaba en tu vida incluso antes de que llegara tu pareja, además, lo que no ha pasado ya, ya no va a pasar (en el sentido romántico). Asimismo, tú tampoco debes pedir que renuncie a esa amistad la otra persona.

Abriros una cuenta común, sin cerrar las propias
El dinero, como en todas las situaciones de la vida, es una de las cuestiones de disputa más comunes e importantes. Si queréis evitaros echaros en cara lo que uno gasta, lo que otro ingresa, etc. lo mejor es que cada uno conserve su cuenta y para las cosas comunes, abrid otra cuenta con acceso por parte de los dos.
También es una cuestión que favorece la sorpresa de un regalo manteniendo el secreto del coste del detalle, el momento de la compra, el lugar…
Es una forma sencilla de poner un límite pequeño y mantener cierta independencia.

Tus cosas, sus cosas, vuestras cosas
Como en el punto anterior, hay que saber respetar las cosas de cada uno, sobre todo, los teléfonos móviles, tan susceptibles de apropiación indebida por parte del otro. Si no confías en tu pareja o ella no confía en ti, la cuestión no es de límites.
Hay saber respetar para el buen funcionamiento de la pareja y mantener la independencia.
No es cuestión de no querer dejar o que te dejen el teléfono, es cuestión de saber claramente de quién es y cuándo se puede o no coger, siempre con permiso. Parece un límite radical, pero nuevamente hay que mantener una vida propia para disfrutar de la común.  

Elecciones consensuadas
Vacaciones, comidas familiares, Navidades, verano… son situaciones en las que cada uno tiene un punto de vista y un destino en mente.
En estas situaciones establecer los límites está más relacionado con la cantidad de veces cedidas, que con las elecciones y los destinos en sí. Si siempre haces lo que te dicen y nunca consigues que la otra persona ceda, al final llegará el día que estalles y volvamos a las posturas radicales de no volver a ir con tu pareja a ninguna parte.
Es bueno también, de vez en cuando, coger unas vacaciones sin la pareja, aunque sólo sea un fin de semana, para así tener la sensación de echar de menos y valorar a la persona que se tiene al lado.
Los límites en las relaciones no son malos, son sanos. Que cada uno mantenga su identidad, su independencia y su vida es algo que favorece la relación.