Yo salí con Ryan Ghosting

Sí, yo salí con Ryan Ghosting. Y tú también. Es más, seguramente todos hayamos jugado el papel de Ghosting en algún momento de nuestra vida. Y no, no es que nos hayamos vuelto locos de repente, (y para decepción de más de una esto no se trata de un artículo sobre las intimidades del icono hollywoodiense). El tema que vamos a tratar aquí es mucho más serio y nos concierne a todos, de hecho hemos pensado lanzar una campaña para recoger firmas y que nadie más sufra esta pesadilla: El Ghosting.

Lo has tenido que oír, y si no es el caso no te preocupes porque lo vas a hacer muy pronto, y este artículo te viene al pelo para estar al tanto. Aunque la verdad es que no es ninguna novedad, pero no sabemos si es porque de pronto la tendencia tiene nombre que parece que está por todos lados y cuando menos te lo esperas ¡zas! un ghosting en toda la cara.

Pero, ¿de dónde viene el término ghosting? Su traducción del inglés ghost = fantasma hace referencia a la técnica de dejar a alguien (pareja, rollo, o amigo/a con derechos) y desaparecer como una bomba de humo. Un poco como cuando estás en una fiesta y todo el mundo se lo está pasando genial pero tú sólo piensas en lo a gusto que estarías en tu sofá viendo Master Chef, así que coges y desapareces. Pero en versión pareja.

Nosotros queremos prevenirte antes de que llames al teléfono de desaparecidos o empapeles las calles con carteles de SE BUSCA, porque sintiéndolo mucho: aquel chico o chica del que de pronto un día no volviste a saber nada, bien, pues no perdió el móvil ni la agenda con todos sus contactos, no cambió de ciudad o sufrió una pérdida de memoria, directamente se marcó un GHOST.

No eres tú, soy yo

Este es el punto más complicado a la hora de encajar un ghosting. Cuando la otra persona desaparece solemos pensar que hemos hecho algo mal, muy mal, para conseguir hacerle salir corriendo. Sin embargo, tenemos que aprender a aceptar que muchas veces no depende de nosotros, que cuando nos dicen «no eres tú, soy yo (premio a la frase cliché junto con «no es lo que parece»), a veces es verdad. Por el motivo que sea, o posiblemente sin motivo, se nos cruzan los cables y desaparecemos al más puro estilo Copperfield, o su versión española, Jorge Blass.