Toda la verdad sobre el flechazo

Hay muchos mitos y falsas teorías en torno a ese sentimiento pasional que ha protagonizado algunas de las obras literarias, pictóricas, cinematográficas y musicales más importantes de todos los tiempos. Desde Romeo y Julieta hasta Edward y Bella, protagonistas de la saga Crepúsculo, o el recto Christian Grey y la tímida Anastasia. ¿Existe de verdad ese amor brutal e instantáneo?
Feromonas, feniletilamina, adrenalina, dopamina y oxitocina son algunas de las sustancias que segregan nuestros organismos cuando nos encontramos frente a esa persona que nos hace perder la cabeza. Sustancias relacionadas con la necesidad de relacionarse y el apetito sexual que elevan nuestras cargas de excitación y euforia a niveles de concurso. La dopamina es la responsable de los efectos físicos del flechazo en nuestro cuerpo, manifestaciones muy reales que irán desde el temblor ligero o la sudoración hasta el tartamudeo o la dificultad para caminar. La cuestión es ¿solo de química se alimenta el amor a primera vista?

CASI TODO ESTÁ EN EL CEREBRO
Esta sería la práctica: Tus amigos te convencen y accedes a ir a esa fiesta que no te apetece. Te arreglas lo justo, salís a cenar y cuando cruzas la puerta del pub tu mirada se cruza con la de otra persona que, y de manera inexplicable, centra toda tu atención. Más tarde os presentan y sientes que el corazón te late más fuerte, que te ríes sin explicación y que tienes muchas ganas de gritar. De alegría. Posiblemente estás viviendo lo que comúnmente conocemos como flechazo y que no es otra cosa que experimentar una sensación amorosa potente y repentina  que, si tienes suerte, será correspondida.
Y esta es la teoría: Investigadores del Trinity College de Dublín han llegado a la conclusión de que la atracción fulminante entre dos personas activa, de manera inmediata, zonas de nuestra cabeza que desencadenarán toda una serie de procesos físicos y psicológicos, llegando a trastocar la coordinación entre la parte racional y la parte emocional del cerebro. Este “cortocircuito amoroso” tiene lugar los instantes posteriores al encuentro y es capaz de activar hasta doce áreas cerebrales que se conectan y actúan como una droga. La acción de la adrenalina, la oxitocina y la dopamina nos embarcan en una suerte de montaña rusa y la sensación de euforia nos invade.
El sentimiento amoroso es además terapéutico, ejerciendo en nosotros reacciones semejantes a las que activan los fármacos para combatir el dolor. Algunas personas han admitido incluso experimentar un malestar físico al encontrarse junto a la persona amada. En los primeros momentos de una relación el cerebro puede cometer fallos de percepción, mostrándonos una visión distorsionada de la realidad. La sensación irá disminuyendo con el tiempo y nuestras respuestas corporales y emocionales serán más sensatas y comedidas.

LA PARTE EMOCIONAL
Dentro de la comunidad científica también hay un sector de opinión que aboga por un tratamiento del amor más humano y menos químico. Pese a todos los datos expuestos, que a la larga pueden ayudar a resolver determinados conflictos relacionados con la gestión de los propios sentimientos, las personas tendemos a dejarnos llevar por nuestro subconsciente. Nuestra infancia, el bagaje romántico, las experiencias del pasado, los procesos de aprendizaje y toda una larga lista de estímulos que asimilamos a lo largo de nuestra vida, condicionarán en gran manera nuestra respuesta a ese flechazo. Es decir, que para enamorarnos de alguien a primera vista, debemos de estar predispuestos a hacerlo y encontrar una línea de conexión entre nuestras sensaciones y nuestros sentimientos y pensamientos. Cuando las dos partes estén alineadas, estaremos preparados para dejarnos llevar por ese sentimiento irracional y poderoso llamado amor.