La etiqueta en la cama

La manera en la que duermes con tu pareja puede fortalecer o terminar con vuestra relación

La manera en la que duermes con tu pareja puede fortalecer o terminar con vuestra relación. Y no solo nos referimos al sexo, aunque sea la manera más importante en la que compartimos la cama y a la que más negativamente le puede afectar una mala educación. La inquietud, los ronquidos y monopolizar el colchón puede sonar a trivialidades, pero seguramente que sean motivo de conflicto a largo plazo en la cama.

Seguidamente os presentaremos las cuatro situaciones más comunes que podrían terminar con cualquier relación. Así que si lo que quieres es evitar un conflicto, sigue leyendo y no cometas ninguno de los siguientes “delitos”.

1. Roncar
La gente que ronca habitualmente no entiende porque sus parejas hacen un mundo de ello. “Mi ex se enfadaba terriblemente cuando me iba a dormir al sofá”, asegura Raquel, una de las personas a las que le hemos preguntado sobre cómo afectan los buenos modales a las relaciones en la cama. “Era la única manera que conseguía dormir porque sus ronquidos eran insoportables y encima él se lo tomaba como una señal de rechazo”.

Roncar no es un problema que deba tratarse con ligereza, según señala la doctora Rosalind Cartwright del famoso Centro de Trastorno del Sueño de Rush University Medical Center de Chicago. Además añade que “este es un problema frecuente en las parejas y al que nadie suele prestar atención”.

Si el problema es que tú roncas, no tienes ningún derecho a criticar la actitud de tu pareja, la cual para poder conciliar el sueño debe abandonar la habitación. Si lo piensas bien, nadie quiere dormir en el sofá. Así que si no quieres que tus infernales sonidos nocturnos terminen con tu relación al menos pon de tu parte y muestra respeto por tu pareja. De todas formas, lo mejor sería que entre los dos buscárais alguna solución al problema en vez de culparos el uno al otro o señalar las acciones de cada uno.

Si no cesas de roncar, al menos acepta que tu pareja duerma separada, si así lo desea.

Por otra parte, si el problema es que no paras quieto en la cama o tienes los pies más congelados que el Polo Norte, también debes entender que es un problema y que se debe solucionar, de manera que tampoco debe molestarte que tu pareja evite dormir contigo.

Lo que hay que tener muy claro es que el sueño no es un juicio de valor, sino una necesidad humana básica. Si tu pareja no puede dormir, tampoco podrá mantener una relación contigo.

2. Llevar tu estrés a la cama
La hora de acostarse es el mejor momento para ponerse al día con las noticias y acontecimientos que se han sucedido. Pero no permitas que el día invada la intimidad de vuestra habitación porque se convertiría en un lugar estresante. Si has tenido un mal día o lo que ha acontecido no ha sido bueno, es mejor que charléis el rato que necesites en el salón para ir a la cama a descansar, no a aburrir a tu pareja con tus problemas.

El sueño y las relaciones sexuales son los mejores métodos para desestresarse, pero no se pueden hacer bien si estás demasiado estresado.

La conversación justo antes de dormir debe ser ligera y juguetona, con el fin de poder obtener mimos, sexo o sueño o una combinación de los tres si así se desease. Si de repente abordáis un tema que notas que pueda crear tensiones, lo mejor es levantarse de la cama y llevar a otra sala la conversación.

3. Invadir el espacio de tu pareja
Abrazarse en la cama es un placer, al menos los primeros minutos, antes de que se te quede un brazo dormido y empiece a dolerte algún músculo.

Así que, a pesar de lo mucho que pueda gustar dormir abrazados, no te enfades si tu pareja quiere zafarse e irse al otro lado de la cama. No la sigas y la vuelvas a abrazar. Conciliar el sueño, sobre todo con sueño ligero, para muchas personas es complicado cuando son abrazadas.

Por lo que si tu pareja es de las que les gusta hacer “cuchara”, para no herir sus sentimientos, en vez de rodar al otro extremo, contraataca con alguna señal de que ya te dispones a dormir y añade un “te quiero” para que tampoco haya lugar a más conversación ni arrumacos, ni mismos, solo a poder dormir.

4. Imponer tus gustos sobre los de tu pareja
No podíamos escribir un artículo sobre la buena educación en la cama sin hablar concretamente de sexo. Es un elemento vital de una relación adulta y hay mucho que puede salir mal si no se tienen en cuenta ciertos modales.

Nunca asumas que él o ella quiera probar algo o incluso que su estado de ánimo sea el idóneo para mantener relaciones sexuales. Hay que tener en cuenta que también somos criaturas tímidas y que puede molestarnos que nuestra pareja de por hecho que queremos probar algo si ni si quiera preguntarnos.

Presta atención a las señales de tu pareja y si no parece estar disfrutando de lo que estáis haciendo, ¡detente! Las relaciones sexuales son la mejor manera de mantener vivo el deseo de una relación a largo plazo, pero tienen que ser mutuamente satisfactoria.