El amor y los hemisferios cerebrales

Así como los dos ojos suman sus fuerzas para ofrecernos una única imagen global, el cerebro humano está compuesto por dos hemisferios que, pese a albergar el mismo espacio y a ser complementarios, funcionan de modo muy diferente entre sí. Conocer sus particularidades nos puede ayudar a entender ciertos mecanismos de las relaciones.
Las personas a las que comúnmente definimos como “cerebrales” serían aquellas regidas en mayor proporción por el hemisferio izquierdo. Sus rasgos predominantes serían la reflexión, el análisis y una capacidad cognitiva marcada por el pensamiento, situado en este caso por delante del sentimiento.
Por contrapartida las personas que entendemos como “emocionales” estarían regidas por el hemisferio derecho y las reconoceríamos por su espíritu más pasional, impulsivo y a veces incluso, irreflexivo. En el punto medio entre las dos partes encontraríamos el tan ansiado equilibrio.

¿DE QUÉ HEMISFERIO ES TU AMOR?
Algunos científicos han llegado a afirmar que cada mitad de nuestro cerebro no solo tiene su propia forma de percibir la realidad, sino que goza de una personalidad concreta y diferenciada. Esto, que podría hacernos pensar en el personaje del Doctor Jekill y Mister Hyde, sería la explicación a determinados comportamientos que tienen que ver con la atención, la percepción y la forma de desenvolvernos ante los otros. En las relaciones amorosas las dos partes del cerebro funcionan de manera paralela, dejando a la zona izquierda o racional la parte analítica y organizativa, y a la sección derecha o irracional todo lo que tiene que ver con esas sensaciones desconocidas y muchas veces inexplicables que nos hacen “perder la cabeza” por otra persona. De hecho el estado de enamoramiento puede llegar a alterar nuestro juicio y hacernos actuar como nunca antes hubiéramos pensado.
El hemisferio izquierdo, que guarda un discreto segundo plano durante el inicio de una relación dando vía libre a las efusiones de amor, el éxtasis sexual, la ensoñación, el sentimiento de eternidad y las decisiones impulsivas, impone su ley cuando la relación amorosa entra en la fase de consolidación. Es entonces cuando nos planteamos la toma de decisiones. Para compensar, el hemisferio derecho equilibrará este momento de análisis aportando la parte emocional, en una balanza cambiante que nos hará oscilar dependiendo de algunos condicionantes como son el propio bienestar, las necesidades, la autoestima o los planes de procreación, entre otros.

COMO EQUILIBRAR
Pese a que cada hemisferio procesa nuestras vivencias y sensaciones de manera muy distinta, ninguna de las dos partes es más importante que la otra. De hecho necesitamos de esas dos mitades para poder llevar a cabo cualquier tarea. Cuanto más complicado sea nuestro propósito, más conexión necesitaremos entre los hemisferios cerebrales. Para disfrutar de relaciones sentimentales positivas y gratificantes es imprescindible saber compatibilizar nuestras parte cerebral y nuestra parte emocional teniendo claro cuando hay que actuar “en frío” y cuando debemos de dejarnos llevar por aquello que nos pide el estómago. La realidad es que hoy en día muchas veces nos cuesta cortar ese hilo invisible que nos tiene anclados a la tierra dificultando la capacidad de disfrutar de nuestras emociones a fondo. Aprender a desconectar y entregarnos de corazón a una persona o una tarea no sólo resulta estimulante, sino que nos hará más felices y creativos.