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Vuelta al trabajo: ¿Cómo ligar en la máquina de café?

La pausa del café. El break. Ese momento entre el necesito-despertarme y no-tengo-ganas-de-trabajar. El descanso que aprovechas para contar un chiste malo, poner verde algún jefe o cotillear sobre un rumor top secret que conoce ya la mitad de la oficina. Con esa excusa llegaron los del programa Camera Café con más episodios que Friends, y aunque Arturo Valls nos dio algunas clases forzadas de cómo ligar delante de ella, lo cierto es que poco aprendimos. Véase un ejemplo, Ana, Carlos y su jefa como personaje invitado.

El “break”

Has subido dos plantas a pie, (hoy no tienes cuerpo para una sesión deportiva matutina) pero el ascensor ha decidido estropearse un lunes así que no te queda otra opción. Después de recorrerte los pasillos de media empresa y esconderte de algún colega que intenta contarte sus maravillosas vacaciones en Marbella, tú no te has movido de Hospitalet, corres hasta la máquina de café a ver si se despiertan tus neuronas. Pero has olvidado las monedas en tu mesa. Y después de soltar la retahíla de palabras malsanas pasas al plan B, pedirle a Carlos (ese al que acabas de esquivar porque sus vacaciones te importaban un pimiento) algo de cambio.

Carlos (soy andaluz y además chistoso vaya, la joya de la corona): Si ya sabía yo que era una táctica para acercarse a mí, es el clásico modus operandi, una excusa rápida para sacar tema de conversación. Y eso que hace cinco minutos cualquiera diría que me ha intentado hacerme la cobra. ¡La tengo en el bote, olé!

¿Un cortado o un sombra?

Uff Te has salvado de subir las escaleras de nuevo por los pelos. ¿Yo quiero un sombra y tú?, te dice haciéndote ojitos. ¿Perdona, un sombra? ¿Eso existe? Y es entonces cuando entráis en un diálogo de incomprensión como Bill Murray negociando con japoneses. Está claro que hoy no es tu día y que la discusión sobre el café no va a terminar por ponerte de buen humor. “¡Yo quiero un café, un café a secas!”.

Carlos (soy un truhan, soy un señor): Me habían dicho que las catalanas son un poco secas pero ya que le invito podría sonreír, ¡qué es gratis chiquilla! En fin, ¿se podría considerar esto una primera cita? Le preguntaré a los colegas esta noche durante el partido para poner en práctica una táctica de “repesca”, ya me veo comprando rosas en San Jordi, ¿anda, y qué día era?

La máquina está de lunes

No funciona. Es decir, que el cuarto de hora que llevas escuchando hablar de olas de tres metros, sesiones de surf, chicas en bikini y cócteles en el chiringuito de la playa (al final te ha tocado hacer de compañera maja para ganarte ese dichoso café) no han servido para gran cosa. Te vuelves a tu mesa con la cabeza a punto de explotar, con dolor de tripa y con las neuronas prolongando la siesta mañanera mientras pasas de ladillo por el despacho de la jefa para que no te vea.

Tu jefa (no está el horno para bollos): Hola Ana, ¿qué tal el fin de semana? Espero que vengas con las pilas cargadas porque tenemos reunión en dos horas para repasar las cotizaciones de las últimas inversiones.

– “No, pero, ¿por qué yo? ¡por qué hoy!”

Un, dos… ¡repetimos!

Entonces decides intentarlo de nuevo y subes a por el segundo café del día (a por el de verdad), a las 9.15. Esta vez compruebas antes de subir que llevas monedas, el ascensor sigue en las mismas y después del periplo “oficinero” vuelves a cruzarte con Carlos. “¿Pero este chico no trabaja nunca?” pero sonríes porque la máquina funciona. ¡F-U-N-C-I-O-N-A! Y en ese momento de emoción súbita en el que los símbolos de unas tragaperras coinciden y tú te llevas el premio gordo, el jackpot, en medio de este momento de delirio total, Carlos te dice “¿la he mandado arreglar para ti, qué te parece?”.

Ana (odio los lunes, y razones no me faltan): No es que te parezca bobo, es que el pobre no da en la diana ni aunque le dejes ventaja y esa última frase ha sido como una tormenta de granizos en la playa de Torrevieja en pleno agosto.

El “hit” de la oficina

Pensabas que no había nada peor que Camela o el himno del Betis que pudiera romper ese momento especial y placentero, ese tú a tú en el que deleitas con el café de la mañana. Pero Carlos, tu-alma-gemela-adicta-a-la-cafeína ha decidido hacerte descubrir su particular ranking de tonos con Esperanza Aguirre en cabeza de lista.

Ana (sigo odiando los lunes, pero ahora me pareces majete): al final va a resultar que este chico tiene algo de gracia y no la de los chistes que cuenta. ¡Qué no me salga con otro del Lepe que si no hago el papel de histérica bipolar! (y sabes que se te bordas el personaje).

Sinceridad en dosis “nespresso”

Hablemos claro. Hoy no es mi día, para que me entiendas es como si un camión lleno de jamones se hubiera estrellado en mi nevera y yo fuera vegetariana, pero no me lo tengas en cuenta.

Carlos (el que es majete pero no entiende nada): ¿entonces me das tu número?

Las máquinas de café son la pista de baile para ávidos en relaciones extraprofesionales así que si te gusta tu compañero/a de trabajo más te vale no ser alérgico/a a la cafeína porque entonces, sentimos decírtelo pero, ¡no te vas a comer una rosca!


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